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EBITDA positivo pero sin dinero en caja: qué está pasando

16 de junio de 2026·Alejandro CorralesAlejandro Corrales García

Hay una situación que se repite en muchas empresas que van bien sobre el papel: los números son positivos, la facturación crece, pero a fin de mes el dinero escasea. No es mala suerte ni mala gestión. Es que el EBITDA —el indicador que probablemente te presentan en todas las reuniones financieras— no te está contando todo lo que necesitas saber.

En este artículo te explico qué mide realmente el EBITDA, por qué puede ser positivo mientras tu caja está en tensión, y qué herramienta deberías tener en marcha para controlar la liquidez de tu empresa.

Qué es el EBITDA y para qué sirve (de verdad)

El EBITDA es el acrónimo de Earnings Before Interest, Taxes, Depreciation and Amortization. Traducido al castellano: el beneficio de tu empresa antes de descontar los intereses de la deuda, los impuestos, y el desgaste de tus activos (maquinaria, vehículos, instalaciones).

En lenguaje llano: mide cuánto genera tu negocio con su actividad principal, sin tener en cuenta cómo lo has financiado ni qué obligaciones fiscales tienes.

Es un indicador muy utilizado porque permite comparar empresas de distintos tamaños y sectores en igualdad de condiciones. Si una empresa tiene mucha deuda y otra no, su beneficio neto será muy diferente aunque los dos negocios sean igual de buenos. El EBITDA elimina esa distorsión.

También es el dato que miran los bancos cuando evalúan si concederte financiación, y el que aparece en casi cualquier valoración de empresa.

Pero tiene una limitación que pocas veces se explica bien: no refleja el dinero que tienes disponible en la cuenta.

Por qué tu empresa puede tener EBITDA positivo y estar sin liquidez

Para entender por qué ocurre esto, hay que entender cómo funciona la contabilidad de una empresa.

Cuando emites una factura a un cliente, la contabilidad registra ese ingreso en el momento de la emisión. No cuando cobras. Si facturas 50.000 € en marzo y tu cliente paga a 90 días, ese dinero no llega a tu cuenta hasta junio. Pero en tu cuenta de resultados de marzo ya aparece como ingreso.

El EBITDA ve esa factura. Tu saldo bancario, no.

Mientras tanto, tus proveedores, tus empleados y la Agencia Tributaria sí quieren cobrar en sus plazos habituales. La nómina no espera a que tus clientes paguen.

Esto genera una brecha entre lo que "parece que tienes" y lo que realmente tienes disponible. Y esa brecha tiene nombre: necesidades de capital circulante, o en inglés, working capital.

Además, hay otros dos factores que el EBITDA ignora por completo:

Las inversiones que haces para crecer. Si compras una furgoneta, renuevas maquinaria o desarrollas una aplicación, ese desembolso sale de tu caja pero no se refleja como gasto en el EBITDA. Contablemente, esas compras se "amortizan" a lo largo de varios años. Tu cuenta bancaria, sin embargo, lo nota el mismo día que firmas la transferencia.

La devolución de préstamos. Si tienes financiación bancaria, cada mes devuelves una cuota de capital más intereses. Los intereses sí aparecen en la cuenta de resultados, pero la devolución del capital no reduce el EBITDA. Sin embargo, sí reduce tu caja, euro a euro.

Un ejemplo concreto para verlo claro

Imagina una empresa de servicios profesionales —puede ser una asesoría, una agencia o una consultoría de ingeniería— con un equipo de doce personas. Facturan 1.500.000 € al año y tienen un EBITDA del 15%, es decir, 225.000 €. Cualquier asesor o banco les diría que el negocio va bien.

Ahora miramos la tesorería:

Sus clientes son empresas medianas y grandes que pagan a 60 o 90 días. Con esa facturación, en cualquier momento del año tienen entre 200.000 y 300.000 € en facturas emitidas que aún no han cobrado. Ese dinero existe sobre el papel, pero no está en la cuenta.

Al mismo tiempo, tienen una plantilla que cobra puntualmente cada mes (unos 60.000 € solo en nóminas), más los costes fijos de oficina, software y proveedores. Y ese año han decidido contratar a dos personas más e invertir en un nuevo sistema de gestión de proyectos: 40.000 € de desembolso.

El resultado: un EBITDA positivo y unas reuniones de tesorería con tensión cada trimestre. No porque el negocio sea malo —no lo es—, sino porque nadie ha puesto en marcha una previsión de cobros y pagos que permita ver esto con antelación.

La diferencia entre rentabilidad y liquidez

Este es el concepto que más clarifica la situación: rentabilidad y liquidez son dos dimensiones distintas de la salud financiera de tu empresa, y no siempre van juntas.

La rentabilidad mide si tu negocio genera valor. Si lo que ingresas supera lo que gastas. Es una foto del modelo de negocio. El EBITDA mide rentabilidad operativa.

La liquidez mide si tienes dinero disponible para cumplir con tus obligaciones a corto plazo. Si puedes pagar la nómina, la factura del proveedor, el trimestre de IVA. El cash flow (flujo de caja) mide liquidez.

Una empresa puede ser muy rentable y tener problemas de liquidez —como en el ejemplo anterior—. Y al revés: hay negocios con liquidez aparente que están perdiendo dinero sin saberlo porque llevan meses descapitalizándose.

Lo que necesitas es controlar los dos. Pero si hay uno que no puede faltar en el día a día, es el cash flow.

Cómo empezar a controlar tu tesorería sin complicarte

No hace falta un equipo financiero grande para tener visibilidad sobre la caja. Con tres elementos ya tienes una base sólida:

Una previsión de tesorería a 90 días. Puede ser una hoja de cálculo o una herramienta más avanzada, según el tamaño de tu empresa. La idea es simple: semana a semana, qué dinero esperas cobrar y qué tienes previsto pagar. Eso te da tiempo de reacción antes de que llegue el problema. Y créeme, es mucho más fácil negociar con un banco desde la tranquilidad que desde la urgencia.

El control del ciclo de cobro y pago. ¿Cuántos días de media tardan tus clientes en pagarte? ¿Y tú cuántos tardas en pagar a tus proveedores? La diferencia entre esos dos plazos determina cuánto capital necesitas para financiar tu propio funcionamiento. Reducir el plazo de cobro en 15 días puede liberar más caja que cerrar un cliente nuevo.

Separar mentalmente "facturado" de "cobrado". Es el cambio más sencillo y el que más impacto tiene. Cuando alguien te pregunta cómo va el negocio, la respuesta no es solo cuánto habéis facturado. La respuesta completa incluye cuánto de eso ya está en vuestra cuenta y cuándo llegará el resto.

Cuándo esto se convierte en un problema real

El riesgo de no tener visibilidad sobre la tesorería no es que un mes estés justo. Es que cuando el problema llega de verdad —dos clientes que retrasan el pago, un trimestre de IVA más alto de lo previsto, un proveedor que adelanta su vencimiento— ya no tienes margen para reaccionar.

Y llamar al banco en ese momento, desde una posición de tensión de caja, es la peor negociación posible. Las entidades financieras prestan dinero a quien puede demostrar que no lo necesita con urgencia. Las condiciones que consigues desde la planificación son muy distintas a las que consigues desde la necesidad.

La diferencia la marca haber visto venir el problema con dos o tres meses de antelación.


Si tu empresa tiene el EBITDA en positivo pero la tesorería siempre está apretada, lo más probable es que no te falte trabajo ni clientes. Lo que falta es tener los datos financieros correctos, en el momento adecuado, para tomar decisiones con información real.

Eso es exactamente lo que hacemos desde Factor129.

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